creo que en su momento me avergonzaba, porque el abuelo Hersch se aparecia por Kinderland cualquier dia, no en en el de las visitas, y me traia una caja de galletitas surtidas que eran las delicias de la siesta.
esa memoria dulce me acompaña 40 años despues de su muerte.
no supo, no sabremos, cuanto viajarán los pequeños gestos.
surely it will be an unforgettable experience they had, they are super lucky!
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